WHERE IN THE WORLD (do you write, sylvia?)

El lugar donde escribo no es una maravillosa habitación con cuadros de Remedios Varo o de Leonora Carrington. Tampoco tiene libreros de cedro que van del piso al techo en tres de mis paredes. Mi escritorio no es de madera ni amplio, ni cómodo. No estoy frente a un gran ventanal que me ofrece la vista de un jardín con nomeolvides.

No.

Si me preguntan donde escribo, digo la verdad. Escribo en una computadora que es más lenta que yo. Escribo sobre un escritorio de metal al que le faltan partes. Tan, pero tan, angosto que apenas caben el teclado, la lámpara, el teléfono, el mouse, un libro o un cuaderno, un lapiz, un vaso y mis manos. Somos demasiados habitantes aquí. Nos empujamos, defendemos nuestro sitio a capa y espada.

La ventana no es grande y no está frente a mí sino a un costado, casi a mis espaldas. Me gusta asomarme de vez en cuando aunque la vista nunca ha cambiado, si acaso el niño que a veces juega del otro lado ha crecido unos cuantos centímetros desde el mes pasado. Tengo una lámpara vieja que me ilumina de vez en cuando y se empolva con frecuencia. Hay un teléfono que detesto porque ocupa mucho espacio y suena todo el día.

Y siempre hay cosas que no pertenecen aquí.

No es el lugar más cómodo de esta casa, está situado en la sala comunitaria de T.V. donde, of course, todo mundo despliega su conchudez y se posesiona del control remoto y sube el volumen como si fuera lo único que hacer con su dedo índice.

Gracias a Dios existen los audífonos. Con ellos logro abstraerme del espacio doméstico. Claro que por eso, lo mío, mis historias, mis blogs, mis correos, mis cariños, sólo caben de noche. Cuando el silencio reina, cuando nadie viene a preguntarme qué vamos a cenar o si ya pagué el agua o la luz, a qué horas vengo mañana, si ya comí algo, si estoy segura que ya comí algo porque no me vieron comer y con tanto trabajo… (mis hábitos alimenticios son la preocupación general de este hogar).

Este es mi lugar en el mundo. Nada fashion. Nada cool. Ni mío por completo. Pero desde aquí escribo, bien o mal, pero escribo.

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