ELLA

Le llamo un día sí y un día no. Pero la pienso todo el tiempo. Ahí está, conmigo, cuando voy a los miércoles de voluntariado. Está conmigo cuando leo esto o aquello y pienso “esto le gustaría a ella”. También lo está cuando escribo. Ella está siempre conmigo.

Hace poco leí The Book of My Mother  de Albert Cohen, es un hermoso homenaje escrito, es una carta, es una confesión, es un hilo de recuerdos. Decidí  que un día voy a escribir así, de ella, de mi Madre. Mi madre que tiene un cáncer que aunque no crece se mantiene ahí, trepidando. Mi madre que, sin embargo, está más que dispuesta a vivir.

Le llamo un día sí y un día no pero siempre pienso en ella, no sólo eso, pienso en mi hermano Alejandro y en su esposa que están cerca, que la cuidan, que se aseguran de que Ella esté bien.

 

EL DE QUINCE VS. LA LAVADORA

Hace como un mes hice un drama en casa. Al principio quesque todos hacíamos juntos la lavandería, unos cargaban, otros sacaban, juntos doblábamos y, de pronto, yo estaba haciendo todo A PESAR de que mi ropa sucia era mucho menos que la de los hombres. Total: renuncié, les dije que cada uno estaba encargado de su propia ropa, “el jabón está ahí, las moneditas allá, pásele usted.”

Debo decir que yo esperaba un golpe de estado pero no, nada de eso.

El hijo ha tenido varios conflictos, debo decir, un día no le puso jabón a la ropa, otro día la dejó todo el día sin que la lavadora hubiera prendido, en otra ocasión la secadora se tragó sus monedas sin secarle la ropa porque el jovencito no apretó el botón adecuado. Digamos que es una relación conflictiva.

Sin embargo, no ha dejado de hacerlo. Esta mañana, por ejemplo, no tenía clases hasta las doce y decidió aprovechar el tiempo para lavar su ropa. Y ahí se fue muy sonrientito con su carrito de ropa y el jabón del brazo al cuarto de lavandería en el primer piso. Mi hijo, el de quince, avanzando ya hacia su camino a la independencia.

Ah, por cierto, ¿ya les dije que comenzó a trabajar en línea? pero de eso, de eso hablaré otro día.

Beisbol aquí en la esquina

Pues resulta que aquí casi casi en la esquina de nuestro departamento construyeron un estado de beisbol para un equipo que no teníamos pero que ahora sí tenemos y que aydiosito se llaman los Chihuahuas.

El espíritu deportivo de la ciudad se estaciona de lado a lado en nuestra calle, yo sospecho que incluso en el estacionamiento de nuestro edificio y, también, grita, tira cohetes y deja basura por todos lados.

Pinche espíritu deportivo.

 

Saving Mr. Who?

Ayer necesitaba darme una tarde libre. Nada de calificar, nada de nada. Yo, cama, tele. Renté Saving a Mr. Banks para, creía yo, no pensar en nada y disfrutar una comedia. Pero resulta que terminé llorando sin poder parar. No, no es que la película sea maravillosa, si lo pienso no es nada excepcional. Lo que ocurrio no fue lo de la película sino lo que yo vi en la película, lo que yo puse en la película. Una niña ama a su padre, ríe con su padre, festeja las barbaridades y fantasías de su padre. El padre es alcohólico. El padre vive en su propio mundo. Una niña observa cómo su padre cae y decae, una niña observa cómo su padre muere lentamente. Una niña observa cómo nadie, nadie, lo puede salvar.

Y yo pensé en el hombre que no pude salvar. Yo pensé en el hombre que tanto tanto me hizo reír, que tantas tantas fantasías creaba. El hombre que, también, murió lentamente. El hombre que, en realidad, no quería ser salvado.

Y lloré y lloré y lloré.

No había nada parecido entre esa niña y yo. Ella, al menos, estuvo ahí hasta el final. Lo malo es que ella cargó ese final hasta su propio final. Una especie de duelo que parecía más bien rencor. Yo no estuve ahí. Yo no tuve esa valentía. Yo no intenté llevarle peras. Yo no estuve en esos últimos días.

Yo estuve en los otros, yo observé, escuché, sentí muchos de los otros. Pero en esos, en esos en los que probablemente más contaba estar, no estuve. Y esa es la decisión con la que yo tengo que vivir. Pero mi duelo no tiene rencor, mi duelo suma un montón de escenas en las que Él y Yo reímos.

Vengo a entender ahora que las tardes libres nunca son libres, siempre hay algo que lo domina a uno.

 

soy medio sucia

Debo confesarlo, soy medio sucia cuando leo. Tengo un libro en la mochila, uno en el escritorio y uno en la mesa de noche. A veces me pregunto si es una grosería pero otras veces me digo que cuando estoy con uno de esos libros le dedico todatodatoda mi atención. Nunca he confundido  personajes o tramas o autores. Siempre, en todo caso, me doy cuenta que el azar es divino porque los tres libros que vivo al mismo tiempo (dije vivo y no leo fue un lapsus que, sin embargo, voy a dejar tal cual) como decía los tres libros parece que están hechos para ser leídos así en esa compañía.

En este momento leo For a Time Being de Ruth Ozeki, The First True Lie de Marina Mande y Cuatro por Cuatro de Sara Mesa. Una mujer leyendo el diario de una niña con mucho colmillo, un niño que le esconde al mundo la muerte de su madre para no ser llamado huérfano, una chica que vive con otras chicas en un colegio en el que nadie quiere estar. Unos y otros hilos me dictan lo mismo: la infancia y la adolescencia son un universo único e inexplicable.

Soy medio sucia, sí.

Más sylvirismos

Pues tengo nuevo hogar. El Paso Times me ha invitado a escribir de libros. No sólo eso: de cuando en cuando me mandará libros para que yo reseñe. No habrá dinero en esta relación, ah el mundo del escritor es igual en inglés y en español, pero Una tiene que hacer algo con todo lo que lee.

He aquí la primer entrega, saluden ustedes a mi reseña de Prayers for the Stolen una maravillosa novela escrita por la mexicana Jennifer Clement.

 

Luna, why did you leave Guatemala?

… I wanted to have dollars. I hated my life in Guatemala. Luna said.

It was bad?

My husband beat me every day. Ho. He did not beat me. He slapped me  across the face. That`s what he did. Slap, slap, slap. All day long. My cheek  became a part of his hand.

So you came alone?

Yes, Luna answered. I thought anything was better than that, But I was  wrong.

Yes, you were wrong.

 

Prayers for the Stolen, Jennifer Clement

ya se hizo la machaca

antier llegó la noticia, la noticia que nos tenía de nervios, la noticia que nos tenía sin uñas. mi green-card llega a principios de mayo. por lo tanto, ya nos podemos quedar aquí sin problemas y, en dos años, hacer el otro dichoso trámite para la ciudadanía. un día después nos llegó otra noticia: un empleo para el otoño haciendo lo que mejor sé hacer: dar clases.

tengo ganas de dar brincos, tengo ganas de gritar: GRACIAS al universo entero, tengo ganas de creer que mi hermano me ayudó en esto. pero lo que hice fue acomodar todas mis ganas en un billete y dárselo a una señora en el estacionamiento de walmart que pedía dinero para comer algo.

un billete no es nada, lo sé. pero también sé que tengo esos miércoles de voluntariado donde le regreso a la vida lo que la vida me da.

sonrío.

digo: ya se hizo la machaca.

y de los papeles…

Nada.

Metimos todo en diciembre pasado, nos retacharon a un aval y hubo que meterlos otra vez a finales de febrero, ya es abril y nada. En mayo nuestros permisos expiran. Muero de nervios. Todos los días, al menos un rato, me da este ataque de nervios, esta ansiedad, esta gana loca de que todo se resuelva pronto. De los papeles dependen muchas cosas.

Todo.