Mi hijo, conocido como el de trece, llegó el domingo. Qué escandalosa alegría verlo, tan alto, tan él. Comimos y después de un frustrado intento de ir a la Marcha nos lanzamos al tianguis de la Roma. Su cara.
Mi hijo, conocido como el de trece, fue conmigo al Centro Histórico hoy. Qué encantador humor tiene. Caminamos, charlamos, comimos, charlamos. Su ánimo.
Escribo esto con una tonta sonrisa de mamácuervo, escribo esto con la certeza de que ser madre, ser su madre, es la vida.
