El curso de verano comenzó el lunes. Doy una clase de español muy muy muy básica. ¿Qué tan básica? Así: un perro, un gato, unas casas, unos estudiantes. La niña es bonita. El perro corre rápido. La lista con ejemplos puede continuar. Tengo siete alumnos, seis de ellos con apellidos hispanos y todos con español de gringo-gringo. Lindos, sí, le echan hartas ganas al idioma de la madre patria (digo, de mi madre patria, porque lo que es a ellos la madre patria debe ser como la madrastra patria).
Anyway, alumna número 7 es el tema interesante. Se llama Koko y es de Taiwan. Koko sufre con el español tanto o más como la veo que sufre con el inglés. Koko es pequeñita, tiene lentes redonditos, usa pantalones morados, verdes, rojos, tenis blancos y carga una mochila que parece guardar un cuerpo sin vida. Koko, llega tarde a clase. Koko, por eso, entiende menos a clase. Koko dice que dejará la clase.
Koko es, sin duda, un personaje.

¡Tantos Kokos en este mundo!
Kokos del mundo: UNÍOS!
Y me brota una inmensa y “koka” sonrisa.