Llegó el verano

El domingo el hijo y yo decidimos que llegó el verano. Le fui a comprar unos tenis, unos tenis fabulosos, unos tenis tan merecidos. Porque si yo me aventé la odisea de dejarlo todo y venir a vivir acá, él también lo hizo. Él dejó amigos, padre, hermana, abuelos, casas, mascotas. Llegó acá e hizo amigos, aprendió un idioma y aprendió a moverse en una ciudad texana. ¿Cómo no le iba yo a comprar sus tenis?

Pero bueno, tenis aparte… el verano llegó y con ello llegaron nuestros planes. El domingo vamos de vuelta a la Sonora Tierra, lo dejo  ahí a vacacionar, a descansar y me regreso acá a trabajar y trabajar. Luego nos veremos en el DF donde nos divertiremos como enanos.

Nos hemos admitido que nos vamos a extrañar en el mesymedio que no nos veremos. Nuestra serie que vemos al mediodía, nuestros almuerzos largos, nuestros desayunos repletos de calorías, nuestras charlas en el futón o en la cama. Nuestra vida juntos. Pero está bien, todo es un proceso.

Llegó el verano y será intenso.

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