Pídete una crepa le dice la madre a la hija. La hija dice, ¿estás segura, nos da tiempo? Sí, nos da y si llegamos un poquito tarde yo le explico a tu papá. La hija asiente, se acerca a la caja con el dinero que la madre le ha dado y pide una crepa. Regresa con ella, sonriente. Tenía tantas ganas. Aquí nos deberíamos ver siempre, tú pides un café, yo una crepa y hablamos y hablamos y hablamos. La madre asiente pero yo y sólo yo me doy cuenta de que lo que quiere es llorar, llorar mucho. Sólo yo me doy cuenta de que su hija no vive con ella, que tiene apenas unos momentos unos dorados momentos para verla, para estar con ella antes de entregarla a su padre en un martes por la tarde. Sólo yo me doy cuenta de que esa crepa que su hija se come está llena de un amor infinito y dulce como la mermelada que se sale cada vez que la hija corta un bocado.
