NADIE, NUNCA

Nadie nunca debería morir. Los papás de uno no deberían morir. Las mamás de uno no deberían morir. Tampoco los hermanos, mucho menos los amigos. Nadie nunca debería sentir ese vacío que sólo la muerte deja.

Pero ocurre.

Bien pincheocurre y cuando ocurre nadie nunca tendrá las palabras exactas para confortar. La muerte de alguien no se puede confortar. Lo malo es que todos, siempre, han de morir algún día.

 

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