Pues heme aquí después de un viaje maratónico de Texas a Sonora y de Sonora al DF. Estoy sentada en un café que sabe igual en todas partes. Supongo que es una zona de comfort. Traduzco sobre un fotógrafo armenio, escribo sobre Isabel Allende (a regañadientes, de malas), veo gente, escucho conversaciones que no me pertenecen y de fondo tengo a Jun Miyake. Pienso en las vueltas de la vida, pienso en los últimos dos años y en los últimos amores. Pienso en las buenas noticias que he recibido y en los cuentos que he bocetado. Pienso en la fortuna. Pienso, también, que en esta ciudad como dice Natalia no hay más que: comer rico, caminar lento y observar mucho.
Así que, acabando esto, me voy a cumplir esas tres premisas.
