TOMARME COMO UNA MUJER

Mi clase de dramaturgia se centra en la obra escrita por mujeres. Digamos que es drama y género, (a veces creo que todo es drama y género). Hace unas semanas hablábamos precisamente de la teoría de género y la maestra preguntó, ¿quiénes de aquí se consideran feministas? bien, ¿quiénes de ustedes están a favor de la igualdad de la mujer? (en mi clase, debo decir hay tres hombres y como veintitantas mujeres). No había terminado ella la oración cuando todas levantaron la mano. La maestra hizo un sondeo en el aula y luego me encontró a mí. Yo no levanté la mano ni en una ni en otra ocasión. ¿Y tú?, me dijo, ¿ni lo uno ni lo otro? Me ruboricé, sonreí apenada y le dije: no sé, tal vez no lo he decidido. Está bien, hay tiempo, me dijo y sonrió.

No soy activista. No milito por los derechos de la mujer aunque creo en ello. No utilizo la teoría de género para abordar la literatura que analizo. No hago nada de eso y sin embargo en lo que escribo siempre hay algo de eso. Y sin embargo soy mujer. Es tan difícil llamarse feminista y ser lo que se es. Me cuesta explicarlo. Estuve días y días dándole vuelta a ello y esta noche Hélène Cixous me vino a dar respuestas o me vino a dar más preguntas:

¿Era yo una mujer? Al revivir esta pregunta interpelo a toda la Historia de las mujeres. Una Historia hecha de millones de historias singulares, pero atravesada por las mismas preguntas, los mismos terrores, las mismas incertidumbres. Las mismas esperanzas por las que hasta hace poco sólo se abrían paso consentimiento, resignación o desesperanza. ¿Tomarme por una mujer? ¿De qué manera? ¿Qué mujer? Había detestado “tomarme por” una mujer, si me hubieran tomado por una mujer.

 

La llegada a la escritura,  Hélène Cixous

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