Cuando era pequeña era la nenita de papá. La menor de los hijos con añísimos de diferencia, cómo no iba a ser así. Mi papá viajaba muchísimo, hay etapas de mi vida en que apenas lo recuerdo. Pero cuando lo recuerdo, lo recuerdo teníendome en sus brazos o lidiando con mi cuerpito trepado en él. Me sentaba en sus piernas, me le acomodaba y de pronto gritaba: Y que me rompía!!
Yo me dejaba vencer por el peso, me le escurría como agua entre los dedos, mi papá haciendo todo lo posible por que la nenita no se le cayera, me agarraba de aquí, me agarraba de allá. Ingeniería total para pescar el cuerpo de la hija. Nos reíamos tanto.
Esto va a sonar absurdo pero he tenido mil y un accidentes, tobillo, espalda, cuello, cuello, cuello, ¿ya dije cuello? y no había vuelto a pensar en ello. Hoy cuando le explicaba a mis alumnos de mi tonto accidente de anoche les dije que había sido como romperse. Y en eso, en eso me sacudió la memoria y frente a mí estuvieron todas esas veces que me rompí en brazos de mi papá y que él me retuvo como nadie puede retener al agua.
