Hiervo el agua. Mientras, lleno mi pequeña porta-té de chai fresco chai y la pongo en la tetera, agrego una bolsita de té de rooibos. Sirvo el agua caliente. Tapo la tetera. Aparte, hiervo un poco de leche de soya.
El té reposa, la leche se calienta y pongo un pan a tostar. Para entonces la computadora ya está en la mesa, algún
periódico o revista me espera. Sirvo la leche en mi enorme taza favorita. Sirvo el té en mi enorme taza favorita. Le pongo un poquín de mantequilla y de mermelada de naranja a mi pan y me siento.
El té de la mañana se ha convertido en ese gran momento del día en que leo, escribo, pienso, soy.
