Íbamos en el auto. Yo, un mar de lágrimas por dentro, con los nervios de punta, preguntándome si estábamos listos para esto. Le dije “tengo que hablar contigo”, me estacioné, lo miré y le dije. Le dije a mi casitrece quién soy. Le conté una historia, le conté otra, fui todo lo honesta que se puede ser con un hijo como el mío. Entonces, ya las lágrimas no estaban por dentro, salían, salían a borbotones, de su lado, del mío. Entonces hubo preguntas y entonces, bendito sea, yo tenía respuestas.
En mi familia, esta familia que se compone de dos, estamos siendo honestos.

los quiero un montón. besos desde el otro lado del mundo. veraneando. 🙂