Me he dicho una y mil veces que soy narradora. No digo cuentista, no digo novelista: digo narradora. Creo que hasta lo digo subrayado (y no por la calidad de lo que hago sino por el gusto de hacerlo). Pero en este año he descubierto una nueva pasión y un nuevo interés. Y como me conozco, y me conocen, cuando algo se me planta en la cabeza lo cumplo (tardequetemprano, pero lo cumplo).
La culpa de todo la tienen dos mujeres: Maggie Nelson y Joan Didion. Ninguna de las dos lo sabe pero bueno, bastante tienen ellas con sus propias escrituras. El caso es que en el 2012, el que ahora llamo el año del pensamiento mágico comenzaré a trabajar para convertirme en una buena traductora y a trabajar-trabajar-trabajar para iniciar mis pininos en la dramaturgia.
Lograrlo no es el asunto: realizarlo sí. Y de realizadora tengo mucho, así que ya se enterarán de estos casi-propósitos del año del pensamiento mágico (oséase: el año nuevo).
