Este invierno no tejo. Me vine sin agujas y sin estambre a casa. Mi vieja tradición de volverme loca haciendo bufandas, gorros y guantes la guardaré para otro invierno. En esta ocasión leeré, veré televisión y miraré por la ventana. Trataré de alejarme un poco del teclado y disfrutaré de las pequeñas cosas (o de las cosas con queso). Voy a dormir un par de horas más al día. Voy a tomarme un té y sentarme a ver la vida.
Este invierno me voy a dar el espacio que a veces no me permito tener para los dos verbos más importantes, el ser y el estar.
Diciembre será de ser y estar.
