Sin duda eres alguien, pero ¿quién? Por momentos, la imagen que te devuelve el espejo se asemeja en todo a un carboncillo escolar trabajosamente copiado. Son exactamente tus facciones -no puedes negarlo. Y sin embargo, es como si en ese retrato tan minuciosamente se hubieran deslizado los fallos de aprendiz: una cierta contradicción en el equilibrio de los trazos, la falta de brío de algún rasgo – como señales de un agujero pusilánime en el talento del dibujante, como una bruma inmiscuida en el brillo de la mirada. Te miras y te dices que sin duda eres alguien, que ese del espejo eres tu. Y eres tú. Pero no hay nadie.
del Deseo de ser piel roja de Miguel Morey
