QUE TODOS ESTEMOS BIEN

Stano tutti bene es el título original de  Todos estamos bien, película que en italia protagonizó Mastroianni. La vi hace siglos. Es la historia de una familia. O más bien, la historia que de su familia quiere formarse un padre. Recién viudo, el hombre decide ir a buscar a sus hijos que viven en diversos puntos de su país, viviendo diversas experiencias de las que a él no le han hablado y de las que no saben cómo salir. El padre quien fuera hombre duro es llevado, por la vejez, a encontrar su lado compasivo y dulce.

Estados Unidos hizo hace poco su versión de esta película con Robert de Niro. Una versión que, a fin de cuentas, no pierde lo más importante de la primera: ese incesable deseo por recuperar a la familia.

Vi la película el sábado con mi madre. Estábamos ahí las dos, calladas, pensando sabiendo que hay tantas coincidencias entre esa familia y la nuestra. Mis padres, también, tienen hijos que se han regado por todas partes. A mis padres, también, la edad les ha enseñado muchas cosas, me pregunto si seremos un día capaces de verlo.

No hace muchos días en su trabajo le pidieron a mi madre una foto reciente con todos sus hijos y nietos, me dijo con la cara más triste que le he visto en años: no tengo ninguna. Se me arrugó el corazón. Pero mi mamá no lloró, no dijo nada más. Mujer fuerte al fin. Mi papá no habla de eso, pero no hablar de eso no significa que no piense en eso. Seguramente a él también le gustaría una foto así.

Yo no puedo resolver todas las cosas, hay rencillas que no me incumben ya -y es un buen momento para entenderlo al fin-, tampoco puedo creer que una navidad vamos a estar todos en la misma mesa, ni siquiera voy a idealizar ya los momentos en que sí estuvimos así. Yo sólo espero que un día, de un modo u otro, mis padres sepan, sepan de veras, que todos estamos bien.

Yo deseo, deseo de corazón, que todos estemos bien. Estemos donde estemos.

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