Parece mentira pero hoy, apenas hoy, me di cuenta de que no se puede tener todo. Esperaba que un asuntillo se arreglara pero nomás no, y las expectativas de hace unos días se fragmentan más, se disuelven, el amor que tenía se perdió irremediable en un laberinto.
Pero, mientras eso ocurre, las conversaciones nocturnas con mi hermana se vuelven cada vez más ricas, más hermosas. Esta, es una sorpresa. La hermana que era una sombra, un recuerdo, un nombre sobre una vieja acta de nacimiento, volvió a mi vida y volvió para escucharme, para sentirme, para decirme que todo va a estar bien, que me concentre en mí, en mi escritura, en mi vida. Ahora es su turno de sanar mi alma. Se siente bien.
Soy afortunada.
