Epístola es una palabra bella.
Es un género hermoso. Es una práctica que yo adoro.
Epístola es, también, lo que he venido trabajando a cuentagotas desde hace un par de semanas. Un ejercicio que entristece y entusiasma a la vez. Como decir: sí, pero no. Lo mejor de una epístola, como género, es la relación entre narrador y narratario. Porque, aunque el narratario no esté (por las razones que el narratario tenga), en realidad sí está. Está ahí aunque pareciera que nunca quiere estar. Estará ahí aunque jamás se entere que hay una epístola con su nombre en la primera página y con su olor en los márgenes.

No entendí la última parte de narratario/narratario ?? me no entender…