HIPERVÍNCULOS

Me gusta la forma en que los sentidos despiertan la memoria. La forma en que vinculamos un olor, un sonido, una textura a los recuerdos. Marcel Proust y sus madalenas lo dijeron hace muchos años, yo lo constato cada cierto tiempo.

El otro día, por ejemplo, pasó a mi lado una señora. Traía un perfume de chanel, no recuerdo el número, pero uno en específico que usaba mi tía Hortensia. Mi tía usó ese perfume toda su vida, era el que le gustaba a mi tío. Mi tía amó a mi tío toda su vida, incluso cuando él se fue a hacer otra familia.

El sabor del mamey me lleva a momentos de infancia en el DF. Ver bugambilias me recuerda al jardín que una vez tuvo mi mamá, al jardín que tiene ahora.

Me ocurre con la música todo el tiempo, ciertas canciones ilustran de fondo ciertos momentos de mi vida. Aquella de Pixies, esa otra de Bowie, esa locura de The Go Team, tantas otras de Do Make Say Think o Interpol. Pfff, no acabaría nunca.

Si yo les dijera lo que me sucede cuando escucho al tren cada mañana, si yo les dijera qué me recuerda.

Los sentidos despiertan nuestros hipervínculos. Es como un click en el alma que despliega nuestra vida como una película única que protagonizamos sin saber.

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