Alrededor de las 3 pm murió la abuelita de mi sobrino Gerónimo de Santiago. He hablado con mis padres, le he escrito a mi cuñada, he dado vueltas por el pasillo. Y justo cuando me he devuelto a la silla a hacer algo que no sea pensar en lo irremediable de las cosas: comenzó a llover.
Una lluvia que, precisa, llega a acompañar un día triste en la familia.
