Es una casa vieja, pequeña, blanca con tejas rojas. Por las mañanas y por las noches se escucha el tren. Es un sonido hermoso, un sonido de otro tiempo en este tiempo.
Veo y escucho poco a los otros que viven aquí, somos como almas invisibles que entramos y salimos sin ser sentidos. Mi habitación da a la calle, una ventana que ofrece un pequeño paisaje de bugambilias y polvo. No tengo televisión, tengo libros y mi computadora. Puedo caminar a la escuela, a la tienda, al parque.
Esta es una vida de las cosas básicas y me gusta.


Es casa para ti, como tú, te estaba esperando.