No sé si ya lo dije aquí y si ya lo dije ni modo, lo vuelvo a decir. Dentro de quince días si los dioses del consulado lo permiten, me mudo a El Paso, Texas. Viviré allá, escribiré de allá, estudiaré allá.
Me siento feliz, me siento orgullosa, lancé una moneda al aire y salió cara ( o cruz, porque no me acuerdo cuál elegí). Me siento nerviosa. Me siento.
Un día, por ahí de diciembre decidí que esta es la ciudad en la que quiero vivir y en la que quiero que mi hijo crezca y que, por eso precisamente, lo mejor es irse de aquí por un tiempo y qué mejor manera que irse de aquí a estudiar lo que una siempre quiso estudiar y por razones -ajenas a este blog- nunca lo hizo.
So, envié mis papeles y hete aquí que hoy recibí un documento de la Universidad, un documento valioso con el cual iré con los señores del Consulado y les diré: mire, fui aceptada, yo fui aceptada en esta universidad y viviré allá tres años, me dan una visa para eso, sí? sí?
Así que me voy.
Vendo todo, o casi todo, meto lo que quepa en la maleta, tomo mi carro y me voy. La persona que amo me acompaña en el viaje, me deja ahí y luego vuela a su ciudad de origen.
La otra persona que amo se queda aquí, pequeño y grande él, a vivir con su papá, a vivir algo que no ha vivido a diario: su otra familia, su otra hermosa familia.
Y este, señores, es mi cambio de piel.

Sylvia, te deseo lo mejor. Seguro te irà muy requetebien. Mis respetos por lanzarte a la bùsqueda, me anima e inspira para mis propios vuelos. Un abrazo.
Qué linda, linda Eva. Gracias. Hay vuelos a los que hay que lanzarse, ahora que hay vida.
un abrazo