Después de darle vueltas al asunto y al monedero, me inscribí en un estúpido gimnasio. Los odio, de veras que los odio. Con toda su parafernalia de la ropa y la forma de caminar y la actitud de véanme voy al gimnasio y sha la la. Pero ni hablar, caminar y unas cuantas abdominales no bastan. Además el lugar a donde iré ofrece clases de yoga y he ahí el porqué de mi radical decisión. No sé cómo me vaya, hoy será mi primer sesión. Si no saben de mí en varios días, llámenme, no vaya a ser que sea un cuerpo tieso y mosqueado en mi casa y nadie se haya dado cuenta.
