No sé cómo había olvidado escribir de esto. Los lunes, que todos regularmente odiamos por su forma de precipitarse en nuestros apacibles fines de semana, son en realidad días santos en mi casa de dos recámaras y de salacomedorcocina de dos por dos. ¿Por qué?, se preguntará usted. Pues porque los lunes son lunes de Grey’s Anatomy, programa que me era totalmente sin embargo hasta que Paloma la Poeta que vive en Ensenada me puso a verlo un verano y que ahora es una de mis razones de vida (después de Haruki Murakami, por supuesto). Pero, óigame usted bien, no soy la única que espera los lunes con ansia. El pequeño neanderthal que vive conmigo, el Juanan, el de diez, el chaparrito del naranjo pa los cuates, ama los lunes porque es el día que pasan su emisión especial de la WWE. Si usted es una lectora muñequita de sololoy que no sabe lo que eso es, le explico: la WWE es la World Wresting Entertainment, oséase: la lucha libre gringa, gringuísima.
Juro que las paredes de la casa tiemblan no sólo con la narración y los guamazos de los luchadores sino con los gritos del pequeño Neanderthal que adereza los momentos parándose, dando con un puño a su palma, brincando y gritando cosas que me es difícil dilucidar.
Asumo que aparte de la convivencia con sus amigos, la WWE es -invariablemente- su male bonding semanal más potente. No sé qué resulte de eso, supongo que ya se los informaré en unos años.
