Pasé de la ermitaña, de la pocos amigos, de la unos cuantos amigos a la de las amigas. Tengo mis mafaldas por un lado y mis onus por el otro. Es raro esto de chatear con las amigas hasta casi las once, no sé desde cuándo no lo hacía. No sé desde cuándo no sentía tanto cariño y tanta gana de dar y escuchar y valorar y reír y esperar que sean las 12:30 para la platicadita del lunch. No sé desde cuándo me dejé de cosas y comencé a abrir más las puertas (del messenger, del e mail, de la oficina, de la casa, del alma)
No sé. Es raro esto, raro y bello.
