Ayer fui a la presentación del poeta chiapaneco balam rodrigo. Siempre me comporto a la altura (1.60) en esos eventos. Lo hice también esta vez, pero ahora no lo haré. Compré dos libros después de haber escuchado líneas y líneas que calan hondo, que atraviesan, que trasladan el alma de uno al verso del otro. En la noche, ya en casa, ya en cama me puse a leer y me dije y les digo. La presentación que se hizo de la obra de balam no fue suficiente. Hace mucho que no pensaba algo así, pero vale más la honestidad.
Anoche, balam, no recibió justicia poética. No recibió la justicia poética que merece su poética.
Hoy, mientras leo un poco más de Icarías y deseando que no se acabe nunca la página digo: no importa que la presentación no le haya dado justicia poética. No la necesita, esta poesía se basta, nadie tiene que decir nada de ella, muchos ya tendrán algo que sentir de ella. Eso es justicia poética, sí. Vea usted:
después de salivar la limonez de tu silencio ,
lector ,tira al pájaro el guijarro, calla
la siringe mía que descrifra el vuelo
que habré de pajarar hasta la ciudad
que vive y muere en el punto éste
de tu página: .
Recomiendo pues Icarías (que a Abigael le gustaría) y Silencia (que por cierto tiene bellos y casuales guiños con Pizarnik) del poeta balam rodrigo.
p.s. su nombre él lo pone con minúsculas, que conste, no es cosa mía.
p.s.2 si quieren leer más de él picad aquí.
