Con Mafalda he visto pasar mis identidades.
1) En un principio fui Susanita, aunque mis deseos de una vida familiar exitosa contaban con conocer algún día al heredero de la cadena de Paletas y Nieves La Michoacana.
2) En mi preadolescencia fui Manolito, no no porque fuera yo una agarrada sino porque era la gordita del salón con corte feo.
3) Mi edad preparatoriana se divide entre ser un poco Felipito (soñadora y loser) y Mafalda (rebelde y pensante).
4) Entre los veintes y treintas repetí el modelito de Susanita (para más información lea usted posts de 2003) pero creo a veces que me parezco (o tiendo sólo a parecerme) a Libertad. Yo, como pollo de Sartre.
Menciono todo esto porque ayer mi hijo de ocho años me reclamó que ya no le he vuelto a comprar NINGÚN libro de Mafalda (iniciamos una corta colección de dos libros el año pasado). Me siento obligada a cumplir su deseo y créanme que muero de curiosidad por ver con qué mafaldations me va a salir el de ocho en un futuro.

