SOBRELLEVAR

La semana pasada fue difícil. Hubo un día en especial en que me sentí la más loser del mundo. La emoción suele cegar los hechos. Claro que la tristeza nunca ha impedido que yo me levante a las cinco de la mañana, tampoco que dé clases interesantes, mucho menos que le dé de cenar a mi hijo. Uno aprende a sobrellevar.

El sábado en la noche las cosas comenzaron a pintar mucho mejor. Las aceitunas (con o sin queso azul), hacen milagros, dicen. El domingo fue divino. Levantarse tarde, desayunar ligero, comer lasagna, ver una peli en el cine. Ver una serie en la tele. Apagar la lámpara hasta que tienes los ojos chinitos de tanto leer.

Esta mañana me dice buenos días un correo de mi nuevo editor. Me pide unos documentos para el contrato. Publicarán mi primer novela en Tierra Adentro. Ya puedo decirlo abiertamente. Ya no tiene que ser secreto para evitar que se cebe. Es un hecho.

Sonrío.

Me gusta, además que mi novela trata, en resumidas cuentas, de ese verbo compuesto que me sigue, mi novela habla de sobrellevar.

Y aunque suene cacofónico o ridículo: yo sobrellevo. Y lo hago bien. (Aunque a veces lo olvido)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *