Resulta muy difícil saber cuándo detenerse. De nuevo el problema de los límites: otra persona pasa por tu vida, hay que aceptar que pueda salir de ella con la misma facilidad con la que entró. Claro que puedes pensar que no pasa nada, que aquel vínculo sólo era una simple correspondencia. También puedes pensar que callarse no supone el cese de una amistad. Este último argumento resulta más convincente que el anterior. No haces nada, te resignas. Aceptas a los nuevos amigos sin olvidar a aquellos que han optado por el silencio. Nadie sustituye a nadie.
Amélie Nothomb, Una forma de vida.
