Nacimos con la parodia de aquellos hombres incorruptibles y fracasados, dignos y resentidos, duros y solos. No había lucha posible del bien contra el mal, todo era ambiguo y amargo igual que tantos manifiestos de cinismo donde nuestros mayores sin cesar repudiaban la clandestinidad o las células, el partido, la fe y la autocrítica. Nos robaron el error, ellos nuestros mayores; nos robaron la creencia en nuestra responsabilidad colectiva; nos robaron la creencia, pero no el deseo.
Belén Gopegui, Tocarnos la cara.
