Quien ha seguido este blog por meses-años seguramente sabe que mi cuerpo ha sufrido muchos accidentes e incidentes que me han tenido encamada, enyesada, casi casi engargolada en diferentes épocas de mi vida. Por eso y porque soy una adulta responsable busqué a alguien aquí en Texas que le diera seguimiento al cuidado que mi huesero y mi masajista me han dado por años.
Y así es como encontré a Eli, una chica fabulosa que prontamente descubrió mis pequeños grandes males físicos. Hoy, por ejemplo, me dijo que debo dejar de ayudarla, debo aprender a relajar, relajar mi cuerpo y dejar que ella lo mueva, lo subalobajelohaga (eso último no dijo ella pero déjenme con mi licencia poética). Me dijo, también, que aunque sabe y entiende que mi problema es el lado derecho le preocupa más mi lado izquierdo que es el que está tratando de compensar todo lo que el derecho no hace bien.
Pinche lado derecho.
El lado izquierdo tiene una contractura, una inflamación y una tensión de pies a cabeza (literal y metafóricamente hablando). Así, hoy Eli trabajó y trabajó y trabajó mi lado izquierdo y mientras ella lo hacía yo hablaba con el lado derecho, le decía que no hay que ser que no podemos seguir así recargándonos en el otro, o nos balanceamos o nos balanceamos, lado. El lado derecho hizo lo de siempre: callar.
Pinche lado derecho.
Me pregunto qué opina el lado izquierdo de todo esto.
Pobre lado izquierdo.
