LA HERENCIA DE MI HIJO

Creo que queda claro que como escritora nunca voy a hacer millones (y juro que la culpa no la tendrá mi obra sino el mercado). Y si no voy a tener millones pues básicamente eso significa que mi hijo tampoco (al menos no de mi parte, si su futuro en la animación digital dicta de otro modo pues qué mejor). Decidí hace años que, por lo tanto, lo único que puedo heredarle son experiencias. Entiéndase experiencias de vida, entiéndase experiencias de vida que pueden venir de muchos puntos: viajes, libros, música, películas, comida (sí, comida) y otras cosas más.

Mi hijo, así, ha leído desde los 6-7 años cosas varias. Se echó por supuesto un montón de libritos de Francisco Hinojosa, se echó así el Hobbit y la serie en cine de El Señor de los Anillos. Ha leído Persépolis de Marjane Satrappi, ha leído Deseo de ser Punk de Belén Gopegui, The Zombi survival guide de Max Brooks (esa más que nada fue por prevención) y ahora lee la biografía de los Beatles escrita por su ingeniero de sonido, además del gordogordo volumen de la novela gráfica The walking dead. Mi hijo, además, ha visto películas que no necesariamente son las clásicas para chicos de su edad. Anoche, por ejemplo, vimos juntos Goodbye, Lenin y estaba picadísimo. Él, además, ha hecho sus propios descubrimientos literarios y fílmicos que no puedo sino aplaudir.

Mi hijo escucha AC/DC, The Beatles, Johnny Cash (igual que escucha LMFAO, debo decir, pero qué se le va a hacer) y está entusiasmado con la idea de ir pronto a un concierto en serio.

Mi hijo, pues, es el más hermoso balance de pasadopresentefuturo. Todo este tiempo he creído que le heredo cosas pero no, creo que eso, como muchas otras cosas, ha sido obra de él mismo. Tengo un hijo que traza su propio linaje. En todo caso, la herencia de mi hijo, la recibo yo de él.

 

Yo de él.

2 respuestas a “LA HERENCIA DE MI HIJO”

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