CLORO EN LAS MANOS

Estoy en mi clase de teatro. Tengo frente a mí a una dramaturga interesantísima: Guadalupe de la Mora, autora de “Almas de Arena” y “Amor Impune”, dos obras fuertísimas que construyen dos asuntos constantes en Juárez, la inmigración y sus peligros y la violencia. “Quise escribir sobre aquello que yo no encontraba en lo que leía”, nos dijo.

“Amor impune” es sobre un asesino y violador visto desde el contexto familiar, se convierte casi casi en el vecino de al lado, ese que te sonríe cada mañana y del que en realidad lo ignoras todo. Guadalupe habla de lo que fue tener a un asesino viviendo con ella, en su mente, en su vida diaria, en su escritura. La escucho, me pongo las manos en la cara y percibo el olor a cloro que tengo en las manos, resabios de la limpieza de esta manaña. Mi cabeza comienza a volar, logré que el olor de cloro se combinara con el personaje del que me estaban hablando y de pronto heme ahí tomando notas y aprendiendo de una excepcional escritora y actriz de teatro.

 

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