La verdad he estado tristona. Nada irremediable y nada nuevo. A esta tristeza me la conozco bien, sé cómo enfrentarla. No negarla pero tampoco irradiarla. La consiento. Le compré rocky road chocolate ice cream. Le leí “Paula Brown y el traje nuevo de Supermán”, de Sylvia Plath, nuestro cuento favorito. La puse a ver otra película de Lisbeth Salamander. La llevé al gym. La puse dosis de Patti Smith y de Jun Miyake. Le hablé bonito.
“porque no siempre quiero ser feliz” diría Pessoa.
