Ese día me levanté temprano, manejé hasta el trabajo. Creo que llevaba café en el portavasos. Mi jefe que era ya un amigo, un mentor, veía la televisión en su oficina. Su cara de asombro, su silencio rotundo. La imagen de un avión, luego del otro. Dos torres caían el mismo año que yo misma había saltado, había huído de otro tipo de incendio. Mi salto no se compara, no hubo en realidad pérdidas. Ese día, lo recuerdo bien, sentí humo en la garganta.
