Mi más reciente obsesión es otra obsesión, aquella de los escritores por escribirse a sí mismos; es decir, escribir sobre sí mismos. Digo escritores pero también puedo decir músicos, pintores, fotógrafos. Digo artistas pero también puedo decir genuinos seres humanos que por alguna razón tienen necesidad de hablar de sí escribiendo.
Entre documentales y páginas voy hilvanando un universo que me atrapa. Claro, procuro no ser ingenua. Leo y veo preguntándome cuál es la intención de esto, qué hay detrás de ese pulsar de dedos al hablar de sí. El asunto no me es novedad, lo he dicho aquí alguna vez: con frecuencia en una fila, en una sala de espera una media sonrisa o un con permiso es el inicio de una charla, o de un monólogo del que soy interlocutora. Si ustedes supieran la cantidad de veces que termino escuchando historias personalísimas de gente que no conozco y que no he vuelto a ver. Pero esas historias por más personales, siempre y siempre, terminan siendo un ejercicio de ficción.
Aquí, lo sé, está mi tesis. Aquí, también lo sé, está un libro.
Memoria o ficción. Memoria ficcionalizada. En esta nueva obsesión apelo pues a lo que dice Joyce Carol Oates: Cuando una persona dice “ah, sí, ya recuerdo”, puedes dar por sentado que ya está inventando. El instinto para contar historias está ubicado en la misma médula que el instinto de reproducción de las especies.

uno de mis favoritos: la memoria, la historia y el olvido, de Paul Ricoeur. A la mejor ya lo tienes, si no es así, consíguelo. Mua!