poner el miedo bajo la mesa

Hoy, no sé por qué, mientras caminábamos al centro me acordé de esa historia que me platicó mi mamá de unos vecinos que tenía cuando era niña, venían de algún país europeo del cual hubo que escapar antes, durante o después de que Hitler quiso todo lo que quiso. Decía mi mamá que si se iba la luz en el barrio la esposa (o era la hija?) se ponía realmente mal, se asustaba un montón. Un toquido fuerte en la puerta y la mujer era un manojo de nervios. Se metía bajo la mesa.

Mi mente me hizo pensar en la ciudad que está al lado, en los helicópteros que de cuando en cuando sobrevuelan. En las persecuciones, en los tiros. ¿Qué sentirá cualquiera que, viviendo en esa ciudad, de pronto oye tiros, gritos, golpes fuertes a la puerta? ¿Serán las mesas allá refugio suficiente?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *