Se escribe a solas, en una conversación secreta con uno mismo, avanzando a tientas, a veces dejándose llevar por la alegría de las palabras que fluyen y otras aguardando, con paciencia, con tesón, con desánimo, temiendo que tal vez no salga nada de tanto esfuerzo, soñando cuidadosamente un libro que no se sabe si llegará a existir, y que cuando por fin existe muy pronto se queda en el pasado.
Antonio Muñoz Molina
