NO FEAR

Los soldados detuvieron mi maleta y el de una señora delante de mí. La señora se veía nerviosa, es natural, en estos tiempos y con estos militares que bajo cualquier pretexto avientan palabras, tiros, pues los nervios son de rigor.

Sacaron de su maleta ropa, zapatos y dos figuras de cerámica. La narrativa en mi mente decía que dentro de esas figuras de cerámica había droga, dólares o algo. Pero no, no había nada. Las figuras no eran exactamente bonitas, me pregunto si por eso el militar le preguntó: ¿y estas por qué las compró? la señora dijo: porque sí… porque… me gustaron. El tipo le echó una mirada como esas que mi mamá le echa a mi papá cuando pide la sal que está bajo su dedo.

Luego fue mi turno.

El militar abrió mi maleta y, por encima de todas las cosas, lo que vio fueron libros, ¿qué material más peligroso que los libros? pero supongo que los vio inofensivos. Luego, quizás, le parecieron demasiados. Me preguntó: ¿a qué se dedica? y le dije, sin miedo y sin pena, soy escritora. Me volteó a ver, me dedicó sus ojos a verme toda. ¿Y ha escrito libros? sí, le dije, estos. Por fortuna, o por ego, justo en esta ocasión traía dos libros míos. Le agregué, por fortuna o por ego, si soy bien famoooosa oiga! nomás que sale más barato viajar en camión que en avión. El militar se rió, se rió de buena gana. Me preguntó mi nombre, guardó mis cosas, me dio mi maleta y me dejó ir.

La clave, es no tener miedo. Me niego a vivir con miedo. Sí, soy, seré, precavida pero yo no quiero andar con miedo. Sé que hay razones para tenerlo, especialmente viviendo tan cerca de Juárez pero no, yo no, yo no voy a tener miedo.

Que lo tengan ellos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *