y el 30…

se fue con ganas, se llevó mi buen humor, no me dejó repartir mis oraciones largas con adjetivos pequeños y dulces. Me dejó con una sensación que ya había olvidado. Las mejillas enrojecidas. Los ojos agachados. El corazón dobladito en una esquina. La ansiedad en las piernas. El insomnio.

Y me quedo en una cama grande con una almohada rosa, una foto en el buró y el sonido de un tren que no quiero que se vaya jamás de los jamases jamases.

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