UNA RANA BLANCA

La visita descubrió a Kawabata en mi librero y quería que se lo prestara. La visita es una persona muy especial, una gran lectora que estoy segura sabría apreciar como nadie a Kawabata. Si hubiera sido Yoshimoto o hasta Murakami no habría tenido problema en decir sí. Pero con este autor, las cosas cambian. Uno no presta libros de Yasunari Kawabata, uno sólo recomienda leerlo, uno sólo puede decir que hay que leerlo y dejar que el interesado se pasee por sus títulos antes de decidir cuál comprar y cuál leer.

Si yo tuviera qué elegir llevarme a una isla desierta, o a una ciudad en Texas, su Historias en la palma de la mano sería lo primero que metería en la maleta. Con Kawabata uno nunca sabe en qué momento de entre sus páginas saltará una rana blanca ni qué es lo que le puede provocar encontrarse con el batracio más poético del universo.

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