LA LIMPIEZA, NO ES LO MÍO

Créanme, no es un pretexto para no llevar a cabo las labores domésticas dignas no de mi sexo sino de todo dueño de una casa (o arrendatario, pues), es una terrible verdad: soy un asco para limpiar. Barro según yo perfecto y cuando voy a meter el trapeador me doy cuenta de que aún quedan rastros de vida, polvo y vayaustéasaberqué en el piso. Vuelvo a barrer. Paso el trapeador que, juro yo, lavo bien con detergente y todo antes de zambullirlo en pinol y el piso queda rayado, marcas gruesas que dejan mucho que decir de mi estilo trapeístico.

Paso el trapo por aquí, por allá y siento que es como si sólo dijera adiós con un pañuelo cual Miss Sonora porque juro que el polvo se queda ahí co-mo-si-na-da.

El colmo es el baño, la vida no sólo me castiga con un baño medio gacho y con problemas en la tubería sino que además me lo deja con manchas imposibles de quitar con cloro o ácido muriático. Tallo y tallo y nada, todo sigue igual.

Hoy, por ejemplo, cuando acabé mis labores me senté en el sillón y me dieron ganas de llorar por lo inútil que soy para ciertas cosas. Pero en lugar de eso me puse a ver Million Dollar Baby y entonces mejor lloré porque yo ni boxeadora ni hija de madre indiferente y mucho menos parapléjica en una cama de hospital. Mala pa limpiar pero querida y bien vivita, eso sí.

Todo esto para decir que si usted algún día viene a mi casa y le encuentra defectos de limpieza es muy posible que usted abra la Caja de Pandora y me suelte contándole esto y más con las lágrimas más gordas que jamás haya visto.

Sobre advertencia no hay engaño.

Una respuesta a “LA LIMPIEZA, NO ES LO MÍO”

  1. Tener una casa 100% limpia no es lo importante, lo dice alguien que no puede limpiar ventanas sin que queden como si en vez de trapo use un molusco, hacer el mayor esfuerzo y sentir la casa como tu hogar es lo importante.
    Saludos por allá .

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