Recién me entero que hace unos días murió Louise Bourgeois a los 98 años, no debo ser tan buena persona porque en lo único que pienso es en sus manos, las manos que le dieron forma a tantas y tantas esculturas que una y otra vez delinearon la figura humana, el cuerpo vulnerable, el cuerpo constreñido, el cuerpo que se hunden ante la rabia del mundo y sus caos todos.
Dueña de una obra siniestra y encantadora, ajena y propia, Bourgeois construye en madera, metal y arcilla el sentir humano o la negación del mismo, cada figura es una reconstrucción de presente, pasado y futuro, de la psique herida del ser contemporáneo. El ser que se hunde, que sufre, que es decapitado, que se aísla o bien que se entremete entre otros cuerpos para sobrevivir.
Los cuerpos vulnerables de Bourgeois son lo que queda de esas manos en las que hoy, no puedo dejar de pensar.


