Ayer justo hablaba de cambios y esta mañana la Kabbalah describe algo cómo no compartir. Lo leo y me digo: mira, no estoy loca, voy bien, voy por buen camino. Aquí le va, ojalá le sirva a todo aquel que como víbora, cambia de piel.
Cambiar es aterrador. No hay manera de evitarlo. Cuando es real, duele y da miedo como nada. No puedes pretender que no es así. Pero cuando sales del otro lado del túnel, lo que originalmente se sentía mal da lugar a una versión de ti más fuerte, serena y clara.
