Comienzo a sospechar que en mi vida tiene que haber algo más que escuela, hijo, novela y gym. Últimamente sólo escribo de esas cosas. Pero en lo que encuentro un tema nuevo de qué escribir, y en el cual vivir, ahí les va otra de gimnasio.
Los lunes dan una clase que se llama Body Balance. La he tomado en tres ocasiones y se había sentido así muy bodybalance. Es algo como Pilates meets Yoga, bonito, tranquilito. Música lounge (o una desas categorías que siempre me dan risa). La instructora es muy buena y nos había estado llevando por el mundo como si de flotar se tratara. Pero el lunes, ESTE LUNES, nos puso las cosas difíciles la mujer (en mi familia cuando alguien pierde el título o el nombre es porque deja de ser nuestra persona favorita, ejemplo: Angélica una vecina pasó a ser LA mujer, cuando comenzó a estacionarse justo frente a casa de mis padres ocupando el que es el lugar de las visitas). Anyway yo creo que la mujer dijo: YA es hora de dejar de flotar y aumentar la resistencia, la fortaleza o la bondad del músculo. El tiempo en cada posición se triplicó, el estiramiento se intensificó, el dolor nació. Y se quedó. Tampoco ayudó en nada que después de esa clase yo tomara veinte minutos de la siguiente que es de Zumba (y de la cual aún no he escrito como se merece).
Y pues heme hoy en miércoles subiendo las escaleras a mi oficina y sintiendo que se trata de una penitencia. No body balance at all, me tambaleo absurdamente. Ayer caminaba como pingüinito en ayunas, anoche no pude ir a Yoga porque hasta me dolía pensar en que para ir allá tenía que manejar y que manejar implicaba meter clotch freno y acelerador con mis piernitas. Para colmo tengo cólico (y si me dicen que por eso estoy adolorida, catártica y dramática: los muerdo).
Es un dolor agradable, no lo puedo negar, el dolor del esfuerzo (o quizá sea una jalada que me he dicho para convencerme de que vale la pena) y no se preocupen hoy volveré al gym y esto que me hizo LA mujer no me hará flaquear.
