DICE STRINDBERG

Que “suceden en la vida cosas tan horribles que el alma se niega a guardar en el momento huella de ellas; pero la impresión permanece y no tarda en reproducirse con fuerza irresistible”.

Entiendo, entiendo.

No sé si he vivido cosas con ese adjetivo: horribles. Pero sé que he vivido, he visto, he leído, he escuchado o he sentido cosas dolorosas, o tristes nada más. Tanto que, en efecto, el alma se niega a guardar huella. Sin embargo yo sí temo que la impresión de todos modos se quede y temo aún más en que se reproduzca con fuerza. Porque me ha ocurrido. Y no me ha gustado.

Así que mientras leo este Inferno de Strindberg me digo, me prometo, me convenzo de que hay que verla, no evitarla, hay que mirar de frente la impresión y disminuirla, hacerla aire, polvo para que se vaya y la vida suceda, la vida fluya. No con rabia contenida, sin rabia, punto.

Y mientras escribo esto y una parte de mí admite el talento de Strindberg otra parte de mí tiene ganas de estar leyendo cualquier otra cosa menos infernal.

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