D I E Z AÑOS.
Ya se discutió sobre la forma de celebración y llegamos a un buen acuerdo. Sus dos mejores amigos, su primo y él en una tarde de boliche que remate con pizza. Atrás quedaron la piñata de batman, de winnie pooh, del hombre araña, de monsters inc. Atrás quedaron los converse que parecían aretitos, las camisetas rojas o azules. Llegaron los tenis casi del tamaño de los míos (cosa que no es difícil a decir verdad), las camisetas negras, la guitarra, el ipod (ya dije, con plastilina mosh y café tacuba), el momento de decidir cómo ser en la vida. (No me ha dicho cuáles son las opciones).
Diez años y apenas parece ayer cuando aquí mismo yo hablaba de él y le llamaba el casi seis, el seis, el seis y medio, etc., etc., ETCÉTERA.
(coloque aquí usted un suspiro de madre abnegada)

