Como si no fuera suficiente haber terminado de calificar dos millones punto ochocientos exámenes y ensayos y pasado igual cantidad de promedios, desde ayer nosotros dulces docentes estamos en un congreso que implica conferencias, talleres, actividades que nos hacen madrugar, estar pegados en la computadora, mover los deditos más rápido que nunca, beber café o té indiscriminadamente, lanzar gritos de vez en cuando por las fallas tecnológicas o la dificultad de las actividades.
Así que hagan como que no existo. Porque, básicamente, no existo. Soy sólo un icono en una plataforma tomando talleres virtuales.
