La insomne se predispuso un poco y preparó el ambiente ideal para pasar su insomnidad (sí, también le ha dado por inventar palabras mientras las estrellas y la luna recorren el techo arriba del techo). Acomodó almohadas, trajo a manos agujas y estambre y continuó click clack click clack con la bufanda mostaza que inició hace dos noches y que ha destejido unas tres veces. Frente a ella tenía la tercera temporada de Los Sopranos de la cual, discretamente sólo vio un capítulo.
Luego continuó con su lectura de las memorias de una española que quedó “atrapada” en Afganistán. La insomne piensa, conforme avanza la lectura, que la española no quedó atrapada sino que ella misma se fue en busca de su destino (y también piensa que la española pudo narrar mejor dicho destino pero ¡quién es ella para juzgar cómo la gente narra su destino?, así que se guarda el comentario en un paréntesis).
No sabe a qué hora, apagó la luz. Y apagada la luz siente, al menos, que dormirse no le llevó tanto tiempo como las otras noches. Desgraciadamente abrió el ojo a las 4:30, hora en que debió ponerse pants e irse a caminar pero hizo su esfuerzo y después de lo que calcula unos veinte minutos, retomó el sueño.
La insomne, por cierto, ha descubierto que rezándole a Dimpna, santo remedio. La Jose-Fá dice que es la mártir de los sonámbulos. La insomne piensa que la Jose-Fá debe quererla mucho (a la insomne, no a la Dimpna) (aunque quién sabe) porque la insomne encontró que es la santa de los lunáticos y que se venden estampitas suyas en hospitales psiquiátricos, al menos eso dicen aquí en el catholic punto net.
Si no es de los sonámbulos ni modo, pero por las dudas la insomne dejará sus noches en manos de Dimpna, porque si sigue sin dormir de seguro se remonta a la locura.
