DE POR QUÉ ME LLAMO FAVIOLA Y DE POR QUÉ POCOS LO SABEN

Hace unos días, cuando salió publicado el asuntillo ese que algunos de ustedes tuvieron que ver con lupa, aparte de las felicitaciones las preguntas comenzaron a llegar. No, las preguntas no eran ¿qué vas a escribir? no, no, no. Las preguntas, o más bien, LA pregunta repetida y reiterativa era: (y léase con negritas, mayúsculas y fuente de 16 puntos)

¿TE LLAMAS FAVIOOOOLA?

La pregunta del millón.

Y sí, me llamo Faviola. Me llamo Sylvia Faviola.
Y me llamo así por la siguiente razón. El único hermano de mi mamá fue quien la convenció de no cerrar la fábrica de bebés (aprovechando que iba a hacerse una cirugía de vesícula) sin consultarlo antes con mi papá. Mi papá dulce y tierno (quiero creerlo) le dijo: no-la-cie-rres porque quiero una niña. Y voilá nací yo. Yo nací no sólo por obra y magia (ejem) de mis padres, yo nací por la intervención de mi tío, mi tío Favio.

Yo nunca viví muy convencida del nombre. Sylviafaviola me sonaba casi cacofónico. Era una combinación rara. Así que excepto en documentos oficiales, siempre he sido solamente “Sylvia”.

Pero entonces, escuché esta historia sobre mi nacimiento. Justo cuando debía saberla y dejé de ver el Faviola con malos ojos, dejó de ser cacofónico o demasiado largo al lado de Sylvia. Se convirtió en el pequeño tesoro que compartía con pocos. Faviola, sí. El nombre es mío porque me lo heredó el tío que quiso que yo naciera, el tío a quien más he querido y a quien sigo extrañando.

Sí, me llamo Faviola.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *